El cristo de los toreros

De grana y oro……. tus calles,
Con tus suspiros de arena,
Suenan tambores de viento,
Llevan aires de proeza.

Fue un afán de juventud,
Que tus inicios en barro,
A Jesús de la salud,
Vida dieron en su barrio.

Quise olvidarte y no pude,
Tengo una llama en el alma,
Intenté en vano, apagarla,
Y por contra la retuve.
¡Sigues ahí!, en tu templo,
Milagro de la memoria,
Y sigues sangrando historia,
Por tu herida, junto al pecho.

Eres pasión, en ella ardo,
Y en estos sueños de suelo,
Vengo, respetos dando,
A un San Bernardo señero.

Son esas cosas divinas,
Tu cruz te quiso dar muerte,
Y a tus pies clama tu gente,
Pues la misma les da vida.

Monte de claveles rojos,
Por esquina un candelabro,
Penitencia señalada,
Sevilla, miércoles santo.

Porque en los malos augurios,
Tú nunca sales al quite,
Y tu madre del refugio
Te cobija y te recibe.

Te entraron con estocada,
Muerte quisieron darte,
No consiguieron callarte,
La vida aguanta en tu cara.

Por lo dicho,
Por lo vivido,
Porque te han crucificado,
¡Por los clavos de cristo!.

No des mas pases de pecho,
Te lo imploro y te venero,
Eres orgullo, seña y derecho,
Y Jesús para el pueblo.

Una insalubre inquietud,
De un interior descubierto,
¡OH! señor de la salud,
Reclamando iba un enfermo.

Tus calles…. de grana y oro,
La historia sangre y albero,
Jamás existió estocada,
Que la vida le quitara
Al “Cristo de los toreros”.

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